La carrera del actor Bob Odenkirk es ciertamente singular. Tras hacerse popular interpretando a un personaje secundario en la serie «Breaking Bad», tuvo su propia serie como protagonista derivada de ésta, «Better Call Saul» que, en ciertos aspectos, superaba a su predecesora en depuración temática y estilística. Lejos de lanzarse a una carrera convencional de apariciones en proyectos en marcha que se beneficiasen de su presencia, y él de sus rentables contratos, optó por construir un universo propio que ejecuta bajo control total como productor, co-guionista y protagonista.
La trilogía involuntaria de la N y el universo Odenkirk
De este modo, Odenkirk lleva construyendo, con cierta ironía sobre sus roles en las series que le dieron a conocer, una filmografía protagonizada por hombres comunes sometidos a violencia extraordinaria. NOBODY (2021) y su secuela establecieron la fórmula: hombre anodino en barrio común resulta ser, en realidad, un asesino gubernamental de élite cuyo pasado regresa para reclamarlo. NORMAL ajusta esa fórmula con un matiz significativo: Ulysses, su personaje aquí, no tiene un pasado clandestino que lo redima ni habilidades letales que lo eleven. Solo hay un hombre con una tragedia a cuestas y una filosofía algo derrotista: «todo resulta más fácil cuando te importa un poco menos.» Controlando por completo su obra, hay que entender que esta variación es deliberada.
El prólogo de Tokio y la mecánica del destino absurdo
La película abre en Tokio con un ritual yakuza de mutilación digital que concluye con uno de los participantes siendo enviado al exilio más improbable que pueda imaginarse: Normal, Minnesota. Es una apertura que establece el tono con precisión, porque el humor de NORMAL reside precisamente en ese choque entre lo grave y lo ridículo, estableciendo un parentesco con A SIMPLE PLAN de Sam Raimi y buena parte de la obra los hermanos Coen, especialmente FARGO. Aquí, la ciudad del título no es solo un escenario, es una declaración de intenciones: lo extraordinario irrumpe en lo mundano, y ese contraste es la fuente de la comedia y la violencia del del filme.
El mecanismo narrativo es igualmente modesto pero eficaz: una pareja de ladrones de poca monta deciden robar el banco de Normal sin saber que sus habitantes tienen una relación particular con él, situación que el sheriff interino Ulysses tendrá que lidiar.
Wheatley en territorio propicio
La incorporación de Ben Wheatley a la dirección es una decisión creativa que explica por qué NORMAL funciona. Wheatley tiene una trayectoria marcada por el cine de género llevado hasta sus extremos: el horror rural de KILL LIST (2011), el folk-horror psicodélico de A FIELD IN ENGLAND (2013), la adaptación de Ballard en HIGH RISE (2015) y el caótico tiroteo de FREE FIRE (2016) conforman una filmografía obsesionada con la violencia como fuerza casi ritual y fuente de un humor negro. Tras algunos desvíos hacia territorios menos afines (una revisión de REBECCA, una película de tiburones gigantes), NORMAL lo devuelve a lo que genuinamente parece interesarle.
El elemento más delicado de NORMAL es su relación con la violencia gráfica como fuente de comedia, porque la película no es tímida al respecto y busca el contraste con lo mundano narrado en su primer acto. El problema es que ese pacto no ha quedado exactamente establecido con el espectador a través del prólogo yakuza, aunque es su clara intención, y corre el riesgo de perderse con la actitud y chistes de algunos de sus personajes, incluido el protagonista. Por otra parte, los conflictos de algunos secundarios para explicar su arco narrativo son especialmente pobres o poco desarrollados, (qué desperdiciada está la caracterización de Lena Headey), lo que disminuye la categoría y trascendencia del filme, que termina viéndose como un puro entretenimiento violento tras desatar su nudo dramático.
Un entretenimiento sin pretensiones, construido con oficio
NORMAL no aspira a ser nada más que película de acción y comedia construida y dirigida con oficio, y protagonizada por un actor que busca convertir su presencia en una categoría cinematográfica que aspire a lo sucedido con Liam Neeson tras hacer TAKEN o a Keanu Reeves con JOHN WICK. Y no crean que es sencillo.



