Sexo rápido bajo control
ONE NIGHT ONLY, la nueva comedia romántica de Will Gluck, parte de una premisa audaz de la que el film se desinteresa escena tras escena, hasta llegar a un desenlace que, además de canónico, es extraordinariamente conservador. Tanto, que puede llegar a resultar inquitante por lo que evita, más que por lo que se esfuerza en convencer.
La premisa y su traición
El Congreso de los Estados Unidos ha legislado que el sexo extramatrimonial solo es legal una noche al año, el 7 de agosto. En ese marco distópico, Allie (Monica Barbaro), cantante tímida que gana la vida grabando jingles publicitarios para farmacéuticas, y Owen (Callum Turner), dueño de una pizzería, se buscan y se pierden durante esa noche única mientras la ciudad enloquece a su alrededor.
El guion de Travis Braun evoca un cruce entre TIMER y JO, QUÉ NOCHE, dos producciones que, con recursos muy distintos, al menos tenían la honestidad de sostener sus premisas hasta sus consecuencias lógicas. ONE NIGHT ONLY no tiene esa valentía. La premisa existe únicamente como detonante para conducir a dos personajes deliberadamente sosos de una situación cómica forzada a otra, sin que lo que los rodea adquiera peso ni coherencia.
El sexo ausente en una película sobre sexo
La película nunca pretende ser una sátira política, ni siquiera una comprensión genuina del sistema que representa, y ahí no se le puede criticar. La vigilancia tecnológica, a la omnipresencia de la publicidad y el control político sobre los cuerpos son mero contexto, chistes de fondo, referencias reconocibles, pero nunca argumentos. Como si nombrar el problema fuese interrogarlo. Y, por tanto, lo evita.
Más sorprendente aún es que una comedia romántica construida sobre la premisa de una noche legalizada de sexo libre sea tan mojigata. Entre Allie y Owen no existe ninguna tensión erótica reconocible y todas las parejas que aparecen en segundo plano faenando sus cuerpos no pasan de meros posters de revista pop. Todo esto es absolutamente legítimo, por supuesto, porque la película busca con ahínco un público adolescente y deliberadamente ingenuo, bien criado en el mito consumista del capitalismo, pero presume de una modernidad que no tiene. Cualquier plano y diálogo de LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA, por mencionar otra película sobre sexo urbanita en una noche tórrida del verano neoyorquino, rezuma más erotismo soterrado que diez pases de ONE NIGHT ONLY.
Tampoco podemos dejar de mencionar que, mientras a cintas como THE ODISSEY se las examina cuidadosamente para comprobar su equilibrada multiculturalidad y género-normativismo, a este film, que no necesita de ninguna excusa para presentar a todo tipo de personajes, exhibe un conservadurismo heteronormativo que contrasta con su pretendida imagen de producto progresista: cualquier pareja no hetero es puro decorado, el sexo casual queda retratado como insatisfactorio, las relaciones abiertas conducen a la culpa, y el amor romántico convencional se presenta como el único destino legítimo. Aquí cabe señalar que el muy evidente patrocinio en la producción de la marca de condones Durex ha metido un gol a su principal competencia, porque lo natural al relato era que la campaña la hubiera hecho Control.
La dirección, el reparto y el problema de los cameos
Gluck, cuyo trabajo anterior incluye producciones de comedia familiar, demuestra aquí que el terreno lo tiene bien lubricado. Su puesta en escena de una ciudad que se supone en estado de ebullición sexual evoca permanentemente el lenguaje publicitario de impacto primario, y no es casualidad que la película empiece y finalice con los protagonistas embebidos en la producción de uno de estos formatos. Los gags se encadenan previsible y repetitivamente, y la energía que debería escalar conforme avanza la noche permanece plana, tanto o más como frescos aparecen sus protagonistas en cualquiera de las escenas a pesar de la noche en vela.
Barbaro y Turner están encantadores en su personajes construidos sin aristas reales. Maya Hawke, confinada a un rol como novia de Owen, participa en escenas que son meros resortes narrativos. Los cameos de celebridades, recurso habitual en comedias de este tipo, son meros guiños al espectador sin recorrido alguno. King Princess, en su aparición como mejor amiga de Allie, aporta algo de energía en sus breves minutos de pantalla, pero su arco narrativo ilustra bien la relación del film con sus personajes secundarios: solo existen como remaches para que no se fuge la falta de relato.
El desenlace como declaración política involuntaria
Al final de ONE NIGHT ONLY Allie y Owen no solo no han tenido sexo con nadie, sino que, al amanecer, abrazan el estado de cosas que los ha mantenido separados durante toda la noche. La resistencia al mandato que los dirige desde los tatuajes en sus muñecas existe solo en el atrezo, nunca en el guión. El atisbo de activismo que asoma, un hombre en libertad condicional por haber tenido relaciones catorce veces en ocho días y un anciano que se niega a usar preservativo, son usados como material cómico y enviados a prisión. Qué más se puede añadir.
Podría argumentarse que el film nunca aspira a retratar esta resignación política como crítica, que su punto es ser un puro entretenimiento estival, una película venial para sentirse bien, que también son necesarias y bienvenidas. Y ésta lo es. El punto es que interioriza en quién la ve una obediencia al Estado incluso en las esferas más íntimas sin un atisbo de inconformidad, un orden conservador que, sorprendentemente, no le ha chirriado a ningún vigilante de la moral progresista porque viene envuelto en el celofán del «sexo libre». Quizá estas lecturas requieran de una agudeza que la puesta en escena no sostiene en ningún momento o que es necesario verla con unas gafas ideológicas que hay que acostumbrarse a relegar de vez en cuando y simplemente dejarse llevar. Lo compro. El problema de todo ello es que, aunque deliberadamente dulce, aunque dulcemente apartado, ese mensaje está, existe, y se aquilata en nosotros cuando reverbera en otros medios porque nos hace sentir bien, seguros, confiados.
La dignidad del género
En algún momento de la película, uno de los personajes encuentra una postal con Deborah Kerr y Cary Grant en TÚ Y YO que reza: «Nueva York es para los amantes». Es una imagen que resume el problema de ONE NIGHT ONLY: la referencia a una tradición cinematográfica de la que el film no ha sabido heredar porque no apuesta por ningún camino con convicción excepto el de no molestar. Y, para mayor paradoja, termina defendiendo el orden que finge cuestionar. Y quizá esto la condene tanto al consumo rápido como al olvido, sin descartar que esto sea lo que sus creadores han pretendido.



