Hacer agua
THE BAY, producida y dirigida por Phil Volken y protagonizada por Francesca Eastwood, es una de esas propuestas que exigen del espectador una disposición activa ante lo exiguo de su producción, comprendiendo qué hay detrás de un proyecto de estas características.
Una apuesta de bajo perfil
THE BAY se enmarca dentro de esa tradición de producciones independientes que buscan aquilatar la carrera de sus creadores a la espera de la llamada de un gran estudio. Volken, cuya trayectoria está prácticamente especializada en suspenses de tensión física bajo aislamiento geográfico, ya sea el mar u otros entornos hostiles, repite prácticamente temática respecto a su filme anterior Dead Sea, lo que probablemente indica cierta repercusión comercial, aunque sea en circuitos reducidos, que le hace insistir en el formato.
La elección de Francesca Eastwood como protagonista resulta significativa en esta tarea y seguro que su apellido impulsa un poco más la carrera comercial del filme. Hija de Clint Eastwood y de Frances Fisher, Francesca ha construido su carrera con una discreción que contrasta con el peso de su apellido, acumulando créditos en producciones de género que la han ido perfilando como una actriz en ciernes pero capaz de sostener una narrativa sobre sus hombros sin recurrir a la sombra familiar. En THE BAY, esa capacidad se pone a prueba de manera directa.
La dirección: entre la contención y la indecisión
Volken demuestra tener un instinto visual para la economía de medios que se ve obligado a cumplir: encuadres que dejan que el silencio haga trabajo dramático, una cámara que observa más que comenta y, en general, la confianza en que la imagen por sí sola haga su trabajo, todo ello palpable en los primeros treinta minutos de la cinta. Hay secuencias en THE BAY donde esa contención produce una tensión genuina, porque la amenaza se construye precisamente a través de lo que no se muestra.
Sin embargo, el problema surge cuando llegan los momentos en los que el relato necesita acelerar, tomar partido, arriesgarse para trascender… y aquí Volken duda, dejando patente sus carencias: la de medios y la de creatividad en el guion. El resultado es el que ritmo y la narración hacen agua, perdonen la inmediatez de la metáfora, rompiendo una película que a ratos funciona debido precisamente la depuración del ejercicio de estilo a la que se ve obligada, sin necesidad de aspirar a ser una película comercial redonda.
Francesca Eastwood: presencia que sostiene
Eastwood, que aporta un físico entre la dulzura de Amanda Seyfried y la fiereza de Uma Thurman, habita con convicción el personaje que se le ofrece en una actuación que merece un poquito más de lo que la película le da. Su presencia galvaniza el poco material fungible del guión, porque el mayor problema en THE BAY está en su estructura narrativa. La película aspira a ser thriller de tensión contenida, drama de personaje y exploración de un espacio geográfico como metáfora psicológica, un territorio en el que recientemente hemos visto el ejercicio depurado de M. Night Shyamalan en Old. Pero lo que en la película de Shyamalan se resuelve gracias a su ingenio como guionista, aquí no consigue pasar de refrito del género de tan explícito y previsible.
Una propuesta imperfecta con ciertos destellos
En un contexto donde estamos viendo un desembarco de cineastas provenientes de YouTube con propuestas que desbordan por su creatividad haciendo olvidar su carencia de medios, (Backrooms, Obssesion…) Volken se empeña en llamar la atención con lo contrario, la filiación al canon del género. Por eso, THE BAY naufraga cuando intenta lo que no puede ser, una producción mayor, quedando varada en ser solo cierta muestra de su pericia, pero sin interés para el espectador común. Ojalá Volken llegue a percibir que lo que logra cuando depura debido a la falta de medios, es donde puede encontrar un estilo que lo haga destacable.



