| Los Trueba son una saga familiar muy vinculada al cine español. Fernando Trueba, el más conocido de los ocho hermanos que componen esta familia, es un conocido director, guionista y productor de cine que fue galardonado con el segundo Óscar a una película española, la celebrada Belle Époque, en 1994. Fernando posee una inconfundible fisonomía debido a su notable estrabismo y suele exhibir grandes dosis de pedantería en sus intervenciones públicas, acumulando en sus frases gran número de citas ajenas y reflexiones paradójicas. Como cineasta está sufriendo una línea descendente en su carrera, mientras que cobra interés su faceta como documentalista y productor musical, al ser un experto en jazz latino. Su película más interesante y atrevida es El sueño del mono loco (1989). Su pareja, Cristina Huete, ejerce de productora ejecutiva de sus realizaciones. David Trueba es otro de los hermanos de esta numerosa familia. Menor que Fernando, su actividad está más próxima a la escritura que al cine. Con cuatro novelas publicadas hasta el momento, todas en la editorial Anagrama, se le puede considerar un estimable novelista, reconocido con el Premio Nacional de la Crítica por su último libro, Saber perder (2008). Periodista de formación, cursó estudios de guión en el American Film Institute. A su regreso, trabajó como guionista para diversos programas de televisión y películas, hasta que consiguió poner en pie su primera obra, La buena vida (1996). Su cine es de caracter autobiográfico, exhibiendo cierto gusto por la melancolía del fracaso. En 2002 abordaría su mejor trabajo como realizador, precisamente el primero sobre un argumento original no escrito por él, la adaptación de la célebre novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina, donde encuentra temáticas próximas a la derrota y la relatividad de los héroes. Hasta hace unos meses ha sido pareja de la actriz Ariadna Gil, protagonista de muchas de sus películas y de las de su hermano Fernando. Pero hay un casi desconocido tercer Trueba. Si bien son ocho hermanos, hay un tercero que también se dedica al cine y hay muy poca gente que tenga constancia de su trabajo, nada despreciable. Javier Trueba es un experimentado documentalista que jamás se ha asomado al cine de ficción. Su trabajo se ciñe exclusivamente al cine divulgativo, hasta tal punto que su productora, creada en 1990, se llama Madrid Scientific Films. Su labor profesional no es meramente cinematográfica, sino que también es un depurado fotógrafo, cuyas imágenes han ilustrado ya varios libros y las portadas de las revistas Nature, Science, The National Geographic, La Recherche, Geology, Discover y Archaeology. El palmarés de premios de sus documentales es impresionante, más de veinte nacionales e internacionales aparecen en un folleto de presentación de su compañía productora. Pero hay algo aún más relevante que todo esto. Javier Trueba está estrechamente vinculado a los descubrimientos que se están llevando a cabo en el yacimiento arqueológico de Atapuerca. Desde que Juan Luis Arsuaga y su equipo están al frente de la excavaciones, Javier ha documentado cada uno de los hallazgos allí realizados. En directo. Estamos hablando de más de quince años de trabajo que, al hilo de los últimos descubrimientos, es fácil que duren quince años más. No existe un esfuerzo documental en el mundo tan longevo como éste. Ninguna excavación arqueológica ha sido tan profusamente filmada. Los descubrimientos de Atapuerca, «una isla en el océano del tiempo» según Arsuaga, no merecen menos. Y allí está Javier para iluminarlos cuando los arqueólogos aparecen acunando un nuevo hallazgo al final del medio kilómetro de pasillos que van a parar a la Sima de los Huesos. Ese material ha dado por el momento dos frutos: Atapuerca, el misterio de la evolución humana (1997) y La España Prehistórica (2008). ¿Tú las has visto en alguna sala comercial? Yo tampoco. |

El tercer Trueba
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